Desde la misma ventana de siempre,
cambian las vistas
por los ojos,
porque los alrededores difuminan el foco.
Por el tiempo,
porque el cristal ya no está empañado.
Desde mi ventana aún te veo,
sigue montado tu escenario
y hay un hueco para todo lo que quise.
Pero ahora dejo que me sorprenda la vista panorámica y descubro que tampoco es tanto lo que brillas.
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